El cannabis en la política nacional y local…

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“La verdad es que estamos frente a un tema palpitante… si ustedes se ponen a investigar se podrán dar cuenta de que desde el 1986 hasta la fecha hay aproximadamente sesenta mil estudios sobre la mariguana solo en la Biblioteca Nacional de los Estados Unidos…”

Por: Andres Vanderhorst

Estas palabras no son del cantante urbano de orígen domínico-puertorriqueño, Austin Santos, mejor conocido como Arcangel la Maravilla, al contestar de forma escurridiza la pregunta acerca de sus aspiraciones a ser diputado.  Son nada mas y nada menos que las palabras de una de las eminencias médicas dominicanas: el doctor José Joaquín Puello Herrera en una entrevista que ofreció la semana pasada en los medios radiales de la capital.

Al margen de las consideraciones morales en general y de mi punto de vista en particular, creo que ha llegado la hora de prestar atención a una realidad global. Países de la región, con altos niveles de educación, como Uruguay, Chile y Colombia ya han legalizado para fines terapéuticos y hasta recreativos tanto el uso como la comercialización del cannabis. Puerto Rico recientemente autorizó por ley su uso terapéutico.

República Dominicana, como país no sólo de tradición religiosa arraigada sino que mantiene en pleno siglo XXI un altísimo grado intervención de la religión en los temas del estado, ha podido curiosamente escapar a un tema de mayor controversia que el cannabis en nuestros tiempos: el tabaquismo. Razón por la que me animo a abordar este tema desde una perspectiva económica y racional.

Hoy en día, el consumo de tabaco tiene más detractores que el Cannabis. La Organización Mundial de la Salud desde el año 2003 abrió a la firma el Convenio Marco de la OMS para el Control del Tabaco para hacer frente a la epidemia mundial del tabaquisimo, para el año 2004 ya habían 100 países firmantes. A 15 años de su adopción las políticas antitabaco ocupan la agenda nacional de casi todos los países del globo, excepto la República Dominicana. Esto sólo se explica por el peso económico que tiene nuestra industria tabaquera.

La historia económica dominicana antes de registrar al turismo como principal generador de empleos y riqueza, cuenta de un país eminentemente agrícola basado en lo que se llamó la economía de postre, ya que la mayor producción local era basada en ron, tabaco, cacao y azúcar. Hoy pasamos revista a esta producción y encontramos los productos más objetados para la salud, incluyendo el azúcar, dulce villano a quien se responsabiliza por el incremento de la obesidad, la diabetes y la hipertensión.

Para el alcohol y el tabaco, se crean restricciones y elevados impuestos para encarecer o disuadir su consumo. Entonces, si sobre productos con algún grado de nocividad la respuesta es crear políticas para abordarlo y gravámenes tributarios, por qué no asumimos de forma seria el debate sobre el cultivo de cannabis?

Mientras otros productos de origen agrícola pierden rentabilidad, o sus productos derivados se restringen en el consumo, la demanda de este producto crece en economías avanzadas y de gran poder adquisitivo como Canadá y Estados Unidos. La industria médica encuentra mayores usos a su ingrediente activo CBD, que a diferencia del otro componente del cannabis -el TCH- no tiene efectos alucinógenos, más sí comprobados beneficios para el tratamiento de dolores crónicos, y también para padecimientos como Alzheimer, glaucoma, esclerosis múltiple, ansiedad, insomnio, entre otros males.

Pero además estados como Colorado, California, Massachusetts, entre otros, han decidido legalizar su uso porque derivan grandes ingresos a través de los impuestos al consumo legal; mientras los países que lo prohíben tienen pérdidas millonarias en controles poco efectivos o por efecto de la corrupción que acompaña a la ilegalidad.

De nuevo, no estoy a favor ni en contra. Pero mi formación me obliga a buscar más información sobre la base de la evidencia empírica de otros países que han adoptado esa política para tomar una decisión sobre la base de un análisis de costo y beneficio social al margen de mis creencias personales.

En lo que si estoy claro es que, tal y como dice el doctor Puello -y el mismo Arcángel, nos hace falta más educación y menos tabús; más información y menos dogmas. En eso creo.