Cruzando el Boulevard Turístico

Por: Andres Vanderhorts

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No cabe la menor duda de que una de las inversiones públicas mas rentables, desde el punto de vista económico y social, que ha realizado el Estado en los últimos cien años ha sido la inversión en obras viales costeras en la República Dominicana.

Por: Andres Vanderhorts

Desde las inversiones de los gobiernos de Balaguer seguidas por las de los gobiernos del PLD, cada peso invertido ha tenido un retorno antes de lo esperado y ha impactado de manera positiva al gran flujo de turistas que hoy nos visitan en todo el territorio nacional; pero muy especialmente en la zona este del país la cual recibe, más del 70% de los visitantes cada año.

En mi humilde parecer, la más importante de todas ha sido la Autovía El Coral que une la ciudad de Santo Domingo con el Aeropuerto de Punta Cana y ha reducido a menos de dos horas un trayecto de casi 200 kilómetros. Considero como una extensión de este desarrollo vial, la nueva carretera de un poco mas de cien kilómetros que une este importante aeropuerto con las playas de Bávaro, Macao y Uvero Alto, hasta llegar a Miches: el Boulevard Turístico del Este.

Esta obra, además, logra separar de forma material dos realidades que conviven en esta importante demarcación turística. Dentro del Distrito Municipal que aloja a Verón, Bávaro y Punta Cana coexisten de forma paralela un mundo de fantasía de grandes hoteles y fabulosas villas veraniegas y grandes inversiones cuidadosamente planificadas que dan vida a centros comerciales y  lugares de entretenimiento de clase mundial con una realidad social totalmente diferente.

Basta  cruzar el Boulevar hacia el interior, ya sea en el punto de “Los Manantiales” a  la entrada de Verón, o más adelante en la entrada de “Friusa”, para encontrar un hormiguero humano, improvisando viviendas y comercios, sin ningún control, planificación, infraestructura o servicios, que desafían la sostenibilidad ambiental y el desarrollo humano y productivo.

Las comunidades así asentadas no necesariamente viven en precariedad económica. Es una zona de pleno empleo, de íntima vinculación al turismo y a las divisas, pero desprovista de atención estatal. Sólo la ausencia de una autoridad municipal y provincial explica como en una zona tan próspera desde el punto de vista económico no pueda dotar a sus ciudadanos de soluciones habitacionales dignas, asfaltado de calles, aceras, contenes, recogida de basura, hospitales, transporte, agua potable, entre otros requerimientos mínimos.

Me dirán que lo mismo ocurre en la ciudad capital, el centro político-financiero nacional, donde al lado de residenciales de clase alta se asoma la miseria de La Yuca, La Puya, Los Praditos; Sin embargo habiendo residido en ambos lugares puedo afirmar que la diferencia aquí es más marcada e insostenible. A parte de resaltar que no puede resultar en consuelo o alivio, que las diferencias sociales en esta región se asemejen a las de la capital, por demás plagada de violencia, agresividad y caos.

Digo que la diferencia que se observa cruzando el Boulevar es más preocupante porque quienes viven allí trabajan, ganan y producen dinero y que el ingreso promedio duplica y quizás triplica la media nacional. Entonces, cómo es posible que los barrios de Verón estén en condiciones simplemente indignas donde no hay orden, no hay limpieza, no hay espacios planificados.

Quienes allí viven, se trasladan a diario a zonas bien cuidadas, ordenadas, señalizadas, con jardines y parques y se les pide sonrisas, amabilidad, educación, buen trato y eficiencia en su trabajo. Esa bipolaridad, dicotomía en una zona que tiene tanto que aportar, tanta riqueza que repartir genera muchas amenazas, por lo que no basta trazar la raya del Boulevar. Es hora de abrir los ojos, cruzar la calle, darles la mano e impedir que el crecimiento de nuestra zona traiga consigo desorden, inequidad, arrabalización y olvido.