En su afamado libro El Fin del Poder, Moisés Naim hace un análisis sociológico e histórico de cómo ha evolucionado dramáticamente la dinámica del poder global, cómo han caído grandes empresas centenarias que dominaban el mercado global, liderazgos mesiánicos e incluso partidos políticos. El efecto de las redes sociales se deja sentir.

Por Andrés van der Horst Álvarez

Es así. Diariamente vemos como una noticia se hace viral e impacta la agenda social, política y empresarial en segundos sin siquiera haberse redactado, ni mucho menos impreso en un periódico o salido en algún canal de televisión nacional.

Lo mismo pasa en la política. He sido uno de los más insistentes en llamar la atención sobre la necesidad de que el electorado nacional tenga conciencia de por quién votaría para cargos electivos, sobre todo si ello requiere el manejo de fondos públicos, ya que muchas veces vemos como personas sin ninguna experiencia en la administración pública llegan a cargo a manejar cuantiosos fondos. Sin embargo, lo mismo no aplica,  necesariamente, para un nivel de representación congresual.

Todo esto a propósito del más reciente fenómeno mediático que copó las noticias y las redes del pasado domingo 30 de junio, cuando al cerrar las inscripciones para optar por las candidaturas en el Partido de la Liberación Dominicana, se presentaron tres influenciadores de gran popularidad, específicamente en las grandes zonas urbanas de la capital y la provincia Santo Domingo Este, y sobre todo dentro del sector de la juventud.

De inmediato surgieron reacciones a favor y en contra. Por un lado, de aquellos políticos tradicionales, no solo ante la amenaza electoral que pudieran representar esos fenómenos de popularidad como Santiago Matías, Bolívar Valera y Aquiles Correa, sino porque pudiera representar una ruptura de los esquemas tradicionales de partidos políticos como vehículos legítimos de hacer carrera política.

Es normal que quienes hemos dedicado décadas a la preparación y al activismo político formal como única profesión, nos veamos amenazados antes esta realidad, sobre todo cuando vemos fenómenos en otros países. Sin embargo, creo que ser diputado en una democracia representativa como lo declara nuestra constitución, no necesariamente debería ser objeto de algún tipo de experiencia cuando quienes se postulan son lo suficientemente transparentes como lo son estos y otros influenciadores, quienes tienen el legítimo derecho de aspirar.

De hecho, lo que ellos representan no es una ruptura de los partidos, dado que lo hicieron por a través del más grandes de los partidos del sistema. No obstante, ellos pudieron haberlo hecho vía una opción independiente como lo prevé la propia Ley 33-18 de Partidos, Agrupaciones y Movimientos Políticos. De igual manera, el hecho de que cuenten con grandes tasas de popularidad y aceptación no representa una garantía de votación. Antes lo vimos en candidaturas similares, como los casos de Fernando Villalona, Sergio Vargas, Yaqui Núñez, entre otros. Hay que usar los organismos tradicionales para movilizar.

Ser diputado no es lo mismo que ser presidente o ni siquiera alcalde, es ser un representante de un segmento de la sociedad, que en este caso se divide entre en casi 220, al incluir los senadores.

Será ese grupo de personas, o en este caso de jóvenes millenials o de la generación Z, quienes podrán decidir si quieren ser representados o no por estos nuevos valores que entran a la política partidista.

El valor agregado que personalmente encuentro en eso, y que no lo lograría ninguno de los que hemos militado en partidos políticos tradicionales y nos hemos preparado con hojas de experiencia de muchos años, en mi caso de casi 20 años, es que movilizarán a un segmento que sentía apatía total a la política y que no iba ni siquiera a votar.

Esto, entiendo, que debería ser motivo de valoración de aquellos políticos que lo ven como competencia directa electoral. Creo que en política como en economía no hay suma cero. En la medida que aumenta la competencia se genera un efecto de innovación constante que nos hace salir de esa zona de confort, lo cual aumenta la calidad de la política, mucho más en este caso, que no se acudirá a la compra de votos o el clientelismo como forma de generar interés. Estos jóvenes y otros más que se sumarán en los próximos días, lo harán sobre la base de usar sus redes y sus plataformas, generando empatía para provocar el voto.

Apoyo totalmente, y a la vez le exhorto a esos jóvenes, mis amigos por demás, que no se retiren y que lo hagan bien por el bien del país. Que no se afanen por el tema de tener o no grandes propuestas, porque simplemente el que quiera propuesta tendrá una gama amplísima de otros candidatos por lo cual votar a esa curul también. Es lo bueno de la democracia que tenemos. Sean lo más transparentes posibles. La transparencia es el verdadero valor de sus propuestas, principio de valor de esta generación, la cual le hace mucha falta a la política tradicional.

En fin, que como bien dice Naim, el gran reto de estos tiempos no es alcanzar el poder, eso es relativamente muy fácil si lo comparamos con otros tiempos, lo difícil es retenerlo y para eso tendrán que trabajar muy duro y vivir en un mundo de sacrificios, que exige dejar la familia en un segundo plano, los placeres, el ocio, amigos de infancia, crecimiento económico, entre otras cosas, por dedicar muchas horas entre comisiones, sesiones, reuniones, etc…