Las tortugas marinas siguen siendo “grandes desconocidas”, según científicos marinos

Vanessa Acosta
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Así lo explica, por ejemplo, la científica marina de la organización conservacionista Oceana, Silvia García, quien especifica que, dada la dificultad de la investigación oceánica todavía “no se sabe dónde descansan ni dónde se reúnen”, así como otras características de su comportamiento.

Sí se sabe que se encuentran entre los animales marinos más amenazados, ya que “son muy dependientes tanto del buen estado de la alta mar como de las zonas costeras y de las praderas submarinas, donde se alimentan”.

Por ello, la basura oceánica y la pesca son dos de sus grandes enemigos. En concreto, las capturas accidentales suponen “la amenaza más grande en todo el mundo”.

 

Desde el punto de vista taxonómico, en Biología los quelonioideos constituyen una superfamilia que engloba a las dos familias conocidas de tortugas marinas: quelónidos y dermoquélidos, incluyendo siete especies vivas y el registro de algunas ya extintas.

De las existentes, la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) califica seis de las siete en distintos grados de amenaza: en peligro crítico, en peligro o vulnerables.

Con el fin de protegerlas, García hace hincapié en que “ya se han cambiado muchas técnicas en la pesca de palangre, tal y como exige Europa”, un proyecto en el que Oceana colaboró con el Oceanográfico de Valencia hace ya unos años.

En aguas españolas la especie más común y fácil de ver es la tortuga boba (Caretta caretta) aunque hay registradas otras especies que pueden darse más esporádicamente, como la tortuga laúd (Dermochelys coriacea) “que es enorme y de un grupo distinto a la boba, cuyo caparazón es más blando”.

“Hemos encontrado varamientos de especímenes ya muertos en las costas de Andalucía”, precisa García, mientras que en el Mediterráneo y en Macaronesia “se suele encontrar tortuga verde (Chelonia mydas) y carey (Eretmochelys imbricata)”. Si bien estos animales se mueven “bastante más al norte de lo que la mayoría suele pensar: han llegado a verse en el Reino Unido”.

 

Entre los proyectos existentes hoy día para afrontar la contaminación que afecta a las tortugas, la asociación Alnitak se sumó al proyecto LIBERA de SEO/BirdLife y Ecoembes para poner en marcha el programa Todos por la Mar, que recoge basura a la deriva, especialmente la “pesca fantasma” -artes de pesca perdidas o abandonadas-, usando precisamente a la tortuga boba como “especie paraguas”.

Ricardo Sagarminaga, director de Alnitak, certificó la alianza “después de 35 años de recorrido propio” porque “desde el COVID, se encuentra muchísima pesca ilícita, con redes de deriva o palangres ilegales”, pero gracias a su red Med Ghost Fishing la asociación coordina el esfuerzo de pescadores, navegantes, puertos, investigadores y centros de recuperación de tortugas marinas en la prevención y gestión del riesgo.

Como curiosidad, estos animales son una de las especies más antiguas conocidas, puesto que se remontan casi 200 millones de años en el tiempo y, además, son longevas pues “pueden llegar a vivir hasta los 100 años, si tienen suerte”.

Sagarminaga añade: “Un 75 % de las especies que avistamos en nuestro país nacen en playas de Caribe y Florida, un porcentaje más pequeño en Grecia y Turquía, y en su juventud viven en los archipiélagos y luego van a morir a las aguas donde nacieron”. EFE

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