Sé feliz, trabaja en tu crecimiento personal y no te dejes sacar de concentración.

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Rafael Gil Lappost, es periodista, presentador de televisión y capacitador en habilidades de comunicación oral.

Por Rafael Gil

El ser humano es un ente gregario por naturaleza, sin embargo, vivir en sociedad tiene sus consecuencias, sobre todo cuando la educación, las costumbres, modales y estilos de vida son diferentes.

En una sociedad heterogénea donde confluyen personas con distintos modos de conducta y forma de pensar, a veces se hace incómoda la convivencia, no por el derecho de cada quien disentir y comportarse según su elección, sino porque existen personas que quieren vivir a su manera, pero no respetan el derecho de los demás a hacer lo que les plazca, siempre que con lo que hagan no perjudiquen a terceros.

«Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz», frase célebre pronunciada por el benemérito de Las Américas, abogado y político, Benito Juárez, quien en varias ocasiones fue presidente de México.

El mensaje que quería transmitir con esa frase el ilustre ciudadano mexicano, es reflexionar en torno al derecho que tienen los pueblos a su autodeterminación, pero también puede ser aplicada en el contexto individual del ser humano.

Y es que cada persona puede puede hacer con su vida lo que quiera, siempre y cuando lo que haga no afecte a los demás seres humanos.

En sociedades de bajo nivel cultural y escaso desarrollo educativo la gente es muy dada al chisme y a estar pendiente de la vida personal de los demás, una característica muy particular de personas isleñas de mente estrecha, doble moral y conducta mojigata.

Hay quienes piensan que solo se envidia a las personas que han prosperado económicamente y pueden exhibir sus bienes materiales; sin embargo, lo que provoca envidia no es necesariamente el dinero, el vehículo, la casa o los viajes al extranjero; muchas veces el envidioso tiene eso y más.

«Lo que causa envidia es tu esencia, tu energía, lo que haces bien y el otro no puede».

Y por eso envidian tu éxito profesional, tus talentos, tu aura, tu luz y tus relaciones; esas cosas que te hacen brillar y que nunca nadie podrá apagar, eso es lo que mata a cualquier persona envidiosa y que daría lo que fuera por tener ese brillo que viene de tu ser y que jamás podrá copiar.

El envidioso se molesta ante la satisfacción ajena, solamente se siente tranquilo al contemplar la miseria del otro.

«La envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual».

Y hay algunos falsos que dicen ser tus amigos, pero en su interior te envidian y viven conspirando en tu contra y apostando a tu fracaso, por eso alguien dijo una vez: «es más peligrosa la envidia de un supuesto amigo, que el odio de un enemigo».

El éxito de un triunfador es el tormento de un fracasado, porque cuando tú triunfas y te destacas, pones en evidencia su mediocridad, su indisciplina y su derrota.

Cuando el envidioso no puede superarte emprende una campaña sistemática de calumnias, injurias y difamación.

Muchos son tus amigos hasta que comienzas a destacarte, cuando empiezas a crecer dejan de apreciarte, nunca te felicitan ni reconocen ninguno de tus éxitos, sólo están pendientes de alguna de tus faltas para hablarte de eso cada vez que conversan contigo.

Cuando haces algo bien y diferente te conviertes en una amenaza para los que no hacen nada.

La envidia y los celos hacen que un mediocre frustrado invente las peores mentiras tuyas.

Para triunfar en la vida y llegar lejos hay que soportar las críticas, las calumnias y a los enemigos gratuitos, porque el éxito no es para personas débiles.

No debes responder a tus críticos, porque lo que quieren es sacarte de concentración para desviarte del camino que te conduce hacia la consecución de tus metas y objetivos; tienes que seguir adelante y que sea tu éxito el que los silencie.

Nunca desees el mal a quienes te atacan y persiguen, porque cada quien ofrece lo que tiene en su mente y corazón.

Déjalos tranquilos, porque a quienes actúan con maldad y perversidad hay que desearles que les vaya bien, porque la ley de causa y efecto (el Karma) es inmutable, y el universo devuelve multiplicado lo mismo que se le envíe.

¡Con los Judas no se pelea, ellos mismos se ahorcan solos!

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