SANTO DOMINGO.– A casi 11 meses de la tragedia del Jet Set, el dolor volvió a sentirse con fuerza frente a las ruinas del emblemático lugar. Doña Melba Segura de Grullón regresó por primera vez al sitio donde ocurrió el siniestro que le arrebató a su única hija, en una escena cargada de emoción y recuerdos.
Eran las 9:50 de la mañana cuando llegó al lugar, vestida completamente de negro y caminando con paso pausado, acompañada por su consuegra Arelis Cruz de Estrella. Frente a la fachada, donde se colocaron fotografías de las víctimas, el ambiente estaba marcado por el silencio, la solemnidad y el recuerdo.
El momento que estremeció a los presentes
Durante la misa conmemorativa, mientras los familiares pronunciaban los nombres de quienes perdieron la vida, doña Melba rompió el silencio con una sola palabra que atravesó el aire y el corazón de quienes estaban presentes:
“Alexandra”.
El nombre de su hija se convirtió en un grito cargado de dolor y amor, que estremeció a quienes participaban en la ceremonia.
Minutos después, a las 10:07 de la mañana, su voz se unió al canto de “Háblame”, interpretado por Kairoi, mientras permanecía con las manos cruzadas y una expresión serena, aunque marcada por la tristeza.
A ratos, observaba el lugar con detenimiento, como si intentara comprender nuevamente el escenario donde tantas vidas quedaron atrapadas aquella noche. Suspiraba profundamente, cargando en cada respiración el peso de una pérdida irreparable.
Un momento de solidaridad entre madres
Durante la ceremonia, doña Melba permaneció junto a la esposa de Eduardo Estrella, quien también perdió a su hijo, Eduardo Guarionex Estrella, en la tragedia.
En medio del dolor compartido, ambas madres intercambiaron gestos de solidaridad, incluyendo una leve sonrisa cargada de tristeza, reflejando la unión silenciosa entre quienes enfrentan una pérdida similar.
Aunque su rostro proyectaba serenidad, esa calma parecía más bien la fortaleza silenciosa de una madre que ha aprendido a convivir con el dolor.
Sin embargo, a las 10:52 de la mañana, esa fortaleza se quebró por un momento. Una lágrima recorrió su rostro, y con delicadeza la secó utilizando una servilleta que uno de sus acompañantes le entregó.
El reclamo de justicia y memoria
Durante la eucaristía, cuando se habló sobre la necesidad de justicia, doña Melba asintió lentamente, dejando ver una expresión marcada por la frustración y la reflexión.
En otro momento de la ceremonia, el sacerdote preguntó quiénes siguen sin voz dentro de la sociedad. Con firmeza, ella respondió:
“Las mujeres”.
La reflexión coincidía con la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, tema que también fue abordado por el padre Rogelio durante la misa.
Más adelante, cuando se anunció la iniciativa de declarar el 8 de abril como día de luto nacional, doña Melba aplaudió con fuerza, como un gesto para mantener viva la memoria de las víctimas.
Instantes después, su voz volvió a unirse a la de los presentes durante el canto de “Hosanna, Hosanna, al Señor”, en un momento de recogimiento y homenaje colectivo.





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