VERÓN–PUNTA CANA. — Ir al trabajo no debería degradar la dignidad de nadie. No debería significar viajar apretado en una guagua abarrotada, permanecer de pie durante el trayecto, ir prácticamente colgado de una puerta, sentarse en asientos sucios o con chicles pegados, utilizar baños en condiciones deplorables ni esperar indefinidamente una salida que tenía una hora establecida.
Eso también es calidad de vida. Y Punta Cana necesita un transporte público digno: limpio, seguro, puntual, organizado y, sobre todo, que respete al pasajero.

No se trata de exigir lujo. Se trata de exigir condiciones mínimas para quienes pagan diariamente por trasladarse a sus trabajos, centros de estudio, hogares o realizar cualquier diligencia.
Una guagua llena está llena
Una de las escenas que debe dejar de normalizarse es la de unidades abarrotadas que continúan recogiendo pasajeros aun cuando prácticamente no queda espacio.
Personas de pie, amontonadas y, en casos extremos, expuestas junto a las puertas. Llegar al trabajo no debería implicar arriesgar la seguridad ni sacrificar la comodidad mínima que merece cualquier ser humano.
Cada vehículo está diseñado para transportar una determinada cantidad de personas. La capacidad debe respetarse.
El pasajero no puede convertirse simplemente en “uno más que todavía cabe”.
Limpieza no es lujo
Asientos sucios, chicles pegados, basura, malos olores y baños descuidados tampoco deberían formar parte de la experiencia cotidiana de utilizar transporte público.
Quien paga por un servicio merece recibir una unidad limpia y condiciones higiénicas básicas.

No estamos pidiendo alfombras rojas. Estamos pidiendo limpieza.
Salir a tiempo también es respetar
La puntualidad es otra deuda.
Si una unidad anuncia una hora de salida, debería salir a esa hora. El pasajero tiene un trabajo al cual llegar, una cita que cumplir, una clase que tomar o una familia esperando en casa.
El tiempo del pasajero también vale.
No debería ser normal llegar temprano a una terminal y terminar esperando porque la unidad no sale hasta alcanzar determinada cantidad de pasajeros.
Transportar personas exige responsabilidad
También debe existir mayor rigor con la conducción.
Carreras por pasajeros, maniobras imprudentes, exceso de velocidad, paradas indebidas o violaciones a las normas de tránsito son incompatibles con un transporte que aspire a ser digno.
Detrás de cada asiento hay una vida.
Hay trabajadores, estudiantes, madres, padres, jóvenes y envejecientes que solamente quieren llegar a su destino.
Ir al trabajo no debería convertirse en una odisea. Regresar a casa tampoco.
Punta Cana necesita un transporte público donde la limpieza, la puntualidad, la capacidad adecuada, el orden y la seguridad sean la norma y no la excepción.
Porque depender del transporte público jamás debería significar renunciar a viajar con dignidad.









