Por: Enrique Loaiza (@enrique.loa)
Dios nos enseña a través de las Escrituras que «…no los herirá el calor abrasador ni el sol, porque él que tiene compasión los guiará y los conducirá a manantiales de agua» . Isaías 49:10
A nivel mundial, se ha venido presentando una ola de calor de manera inminente. Pues, el calor en su forma literal es provocado por un aumento de la temperatura a través de la energía de los rayos del sol.
De hecho, el incremento del llamado efecto invernadero, es originado por el aumento de concentración en la atmósfera debido a los gases producidos de las actividades humanas.

Por ejemplo, si usted coloca una olla con agua y lo tapa en una estufa. Y luego, enciende la hornilla a fuego alto, en unos minutos se observa el denso vapor dentro de la olla. De modo que, se mantiene un exceso de calor dentro del recipiente con tapa.
En pocas palabras, todo los daños provocados y efectos dañinos son ocasionados por las personas, no por Dios.
Sabiendo que, él Señor a través de las Escrituras nos enseña que: «la sequía y el calor consumen las aguas de la nieve y el seol a los que han pecado». Job 24:19
Esta ola de calor ha sido producto de la maldad que se produce en la tierra por distintos lugares de todo el mundo. Y, aquellos que sufren ese calor fuertemente, son esas personas que consciente e inconscientemente han participado en malas obras hacia los demás.
Por eso, él Señor nos enseña en Su palabra que necesitamos dejar de fallarle destruyendo a la tierra o a los demás. Bien sea de forma física o emocional.
Porque, el pecado consume a las personas, cuando no cesan de lastimar. Y de ese modo, se observa que su camino se encuentra caluroso, sediento e intranquilo por la abundancia de calor.
De modo que…»La piel se quema como un horno a causa de los ardores del hambre». Lamentaciones 5:10
Dicho esto, se necesita de una llenura del Espíritu de Dios, para evitar incomodidades por el calor y el hambre de la palabra de Dios. Y, así se encontrará la salvación.