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Rodríguez Pimentel: «Las bandas haitianas son el resultado de décadas de complicidad entre el poder político y los grupos armados»

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Durante conferencia en el Museo de Historia y Geografía, el escritor y ex cónsul dominicano planteó que la solución a la crisis haitiana exige desarticular las estructuras criminales, cortar el tráfico de armas y promover la reconstrucción institucional del país vecino.

Santo Domingo, 29 de octubre de 2026. — El ingeniero, periodista, escritor y ex cónsul general dominicano en Puerto Príncipe, Héctor Rodríguez Pimentel, afirmó que la proliferación de las bandas armadas que hoy mantienen a Haití sumido en una profunda crisis de inseguridad no constituye un fenómeno espontáneo de delincuencia callejera, sino el resultado de un prolongado proceso histórico de utilización de grupos violentos por sectores del poder político y económico.

Rodríguez Pimentel abordó el tema durante la conferencia «República Dominicana y Haití: una historia de encuentros y desencuentros», ofrecida en el Museo Nacional de Historia y Geografía, en la Plaza de la Cultura Juan Pablo Duarte, bajo los auspicios de esa institución.

En su exposición, sustentada en investigaciones históricas y en las experiencias recogidas en su libro Haití, el vecino desconocido, el conferencista explicó que para comprender la violencia que actualmente afecta a la nación haitiana es necesario examinar sus raíces políticas, sociales e institucionales.

De los Tonton Macoutes a los ejércitos criminales

El escritor recordó que uno de los antecedentes fundamentales de la instrumentalización política de la violencia en Haití se encuentra en los Tonton Macoutes, la organización paramilitar creada durante la dictadura de François Duvalier, iniciada en 1957, que operó como instrumento de intimidación, persecución y control político.

Explicó que, después de la caída de la dictadura de Jean-Claude Duvalier en 1986, persistieron prácticas de violencia organizada y proliferaron agrupaciones armadas vinculadas a diferentes sectores de poder.

Posteriormente, durante las décadas de 1990 y 2000, surgieron y se fortalecieron organizaciones conocidas como baz y chimères, algunas de las cuales fueron utilizadas en enfrentamientos políticos, movilizaciones violentas y acciones de intimidación.

Rodríguez Pimentel señaló que, con el transcurso de los años, esas estructuras fueron adquiriendo mayor autonomía, capacidad de fuego y control territorial, hasta convertirse en poderosas organizaciones criminales dedicadas al secuestro, la extorsión, el tráfico ilícito y el dominio armado de comunidades enteras.

«El gran drama haitiano consiste en que estructuras armadas que durante décadas fueron utilizadas por sectores del poder terminaron convirtiéndose en poderes capaces de desafiar al propio Estado», sostuvo el conferencista.

Indicó que las actuales coaliciones de bandas, entre ellas las vinculadas a figuras como Jimmy Chérizier, conocido como Barbecue, representan una evolución particularmente peligrosa de ese fenómeno, por su capacidad para coordinar acciones armadas, paralizar actividades económicas y desafiar a las instituciones de seguridad.

 

Cortar las armas y el financiamiento de las bandas

Uno de los planteamientos centrales de la conferencia fue la necesidad de establecer un sistema internacional efectivo para impedir el suministro ilegal de armas y municiones a las organizaciones criminales haitianas.

Rodríguez Pimentel consideró que cualquier operación de seguridad destinada a recuperar el control territorial resultará insuficiente mientras las bandas continúen recibiendo armamento, municiones y recursos económicos mediante redes de contrabando y financiamiento ilícito.

Sostuvo que la comunidad internacional debe prestar especial atención a las rutas marítimas, los puertos, los circuitos comerciales y las redes transnacionales que facilitan ese abastecimiento.

Asimismo, planteó que la recuperación de Haití requiere una fuerza de seguridad con capacidad operativa suficiente para desarticular las organizaciones criminales, proteger a la población civil y restablecer progresivamente la autoridad del Estado.

Advirtió, sin embargo, que la intervención policial o militar, por sí sola, no resolverá la crisis si no está acompañada de reformas institucionales, fortalecimiento de la justicia, recuperación económica y oportunidades de educación y empleo para la juventud haitiana.

 

Una propuesta para reconstruir Haití

El ex diplomático dominicano planteó que la solución debe descansar sobre una estrategia integral que combine seguridad, gobernabilidad, desarrollo económico y cooperación internacional.

En ese sentido, defendió la necesidad de fortalecer las instituciones haitianas, combatir las redes de corrupción y complicidad con las bandas, recuperar los servicios públicos y promover condiciones que permitan restablecer la actividad productiva.

Consideró indispensable que las iniciativas internacionales cuenten con participación y liderazgo haitianos, de manera que la estabilización no se convierta en una intervención indefinida ni sustituya la responsabilidad de las autoridades nacionales.

También destacó que República Dominicana, por compartir territorio insular, frontera, relaciones comerciales y una historia de más de dos siglos con Haití, tiene un interés legítimo y permanente en la estabilidad de su vecino.

«La República Dominicana no puede resolver por sí sola la crisis haitiana, pero tampoco puede permanecer indiferente ante sus consecuencias. Defender nuestra soberanía y contribuir a la estabilidad de Haití son responsabilidades compatibles», expresó.

 

Dos pueblos condenados por la geografía a entenderse

Durante la conferencia, Rodríguez Pimentel realizó además un recorrido por los principales acontecimientos que han marcado las relaciones entre ambas naciones, desde la época colonial hasta los desafíos contemporáneos.

Destacó que la historia compartida de República Dominicana y Haití contiene episodios de confrontación, pero también importantes manifestaciones de solidaridad, cooperación e intercambio cultural y económico.

El autor de Haití, el vecino desconocido y Crisis de 1994: punto de inflexión en la política dominicana sostuvo que las relaciones bilaterales deben construirse sobre el respeto mutuo, la defensa de la soberanía, la cooperación y el reconocimiento de las diferencias históricas y culturales de ambos pueblos.

La actividad contó con la participación del director general del Museo Nacional de Historia y Geografía, el historiador y antropólogo José Guillermo Guerrero Sánchez, quien tuvo a su cargo la presentación del conferencista.

Rodríguez Pimentel concluyó señalando que el futuro de las relaciones dominico-haitianas dependerá, en buena medida, de la capacidad de ambos países y de la comunidad internacional para enfrentar los problemas actuales sin quedar atrapados en los resentimientos del pasado.

«No podemos cambiar la geografía ni borrar la historia, pero sí podemos construir una convivencia basada en el respeto, la seguridad y la cooperación. La estabilidad de Haití es también una necesidad estratégica para la República Dominicana», concluyó Héctor Rodríguez Pimentel.

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