Debajo del principal destino turístico de República Dominicana existe un enorme sistema de agua subterránea que abastece comunidades, hoteles y actividades productivas. Lagunas, humedales, manantiales y cenotes son apenas las ventanas visibles de un recurso natural del que depende buena parte del futuro de Punta Cana.
Por Ángel Fernández/ Especial para Bávaro Digital
PUNTA CANA, LA ALTAGRACIA.— Punta Cana aprendió a mirar hacia el mar. Allí construyó su imagen, levantó hoteles, desarrolló kilómetros de costa y creó una de las marcas turísticas más reconocidas del Caribe.
Pero una parte esencial de su historia ocurre en dirección contraria: tierra adentro y, sobre todo, debajo de la tierra.
Bajo Bávaro, Verón, Punta Cana, Cabeza de Toro, Cap Cana y otras zonas de esta franja oriental corre agua dulce a través de una gigantesca formación de roca caliza. En algunos puntos permanece escondida. En otros sale a la superficie formando lagunas, manantiales, humedales y esos pozos naturales que durante generaciones los habitantes de la región han conocido como jagüeyes o sagüeyes.
No son accidentes aislados del paisaje. Son manifestaciones visibles de un territorio moldeado por el agua.
Y mientras Punta Cana crece hacia arriba con hoteles, apartamentos, carreteras y nuevas urbanizaciones, debajo continúa funcionando un sistema natural que comenzó a formarse muchísimo antes de que llegara el turismo.
El otro Punta Cana está bajo nuestros pies
La geología ayuda a entenderlo, los estudios realizados para el Programa Integral de Agua Potable, Saneamiento Universal y Reúso de Punta Cana–Bávaro describen la zona de Verón–Punta Cana como una extensa formación de roca caliza cárstica, altamente porosa, donde el agua encuentra grietas, cavidades y conductos por los cuales puede infiltrarse y desplazarse bajo tierra.
El documento técnico señala que la formación calcárea que constituye el acuífero principal puede alcanzar entre 700 y 1,000 metros de espesor y extenderse alrededor de 30 kilómetros tierra adentro desde la costa de Bávaro.
Es una dimensión difícil de apreciar desde la superficie. La lluvia cae sobre el territorio, encuentra una roca que permite una rápida infiltración y pasa a formar parte de una reserva subterránea alimentada también por flujos provenientes del interior.
Por eso, cuando alguien contempla las aguas transparentes de un cenote de Punta Cana, no está necesariamente frente a una piscina natural independiente.
Está mirando una ventana abierta hacia el subsuelo.
El agua dulce y el mar libran una batalla invisible
La condición costera de Punta Cana introduce otro elemento, debajo de la tierra conviven agua dulce y agua marina. Como el agua salada es más densa, el agua dulce circula sobre ella desde el interior hacia la costa hasta finalmente descargar hacia el mar.
Ese equilibrio, sin embargo, puede alterarse, los estudios hidrogeológicos utilizados para diseñar el programa de agua y saneamiento de Punta Cana advierten sobre la vulnerabilidad del acuífero a la intrusión salina, particularmente en las zonas turísticas de Bávaro y Punta Cana.
Una explotación excesiva o inadecuadamente distribuida de los pozos cercanos al litoral puede favorecer el avance del agua salada hacia las reservas de agua dulce.
Los estudios más recientes incluidos en la evaluación ambiental no encontraron un ascenso generalizado de la interfaz salina en los perfiles examinados, pero sí identificaron un aumento de salinidad en las zonas más profundas, señal que obliga a manejar con cuidado las extracciones y mantener vigilancia permanente sobre el acuífero.
Aquí el agua deja de ser solamente un asunto ambiental, Se convierte en un asunto económico, urbano y turístico.
El mismo territorio que recibe millones de visitantes necesita conservar suficiente agua dulce para sostener hoteles, viviendas, comercios, trabajadores y comunidades que continúan creciendo alrededor del destino.
Laguna Bávaro: mucho más que una laguna
Uno de los lugares donde este patrimonio puede observarse a simple vista está en Cabeza de Toro.
La Laguna Bávaro forma parte del Refugio de Vida Silvestre Lagunas de Bávaro y El Caletón, protegido mediante la Ley Sectorial de Áreas Protegidas 202-04. Los mapas oficiales del Ministerio de Medio Ambiente delimitan actualmente el refugio en aproximadamente 7.16 kilómetros cuadrados, además de su zona de amortiguamiento.
Detrás del dato legal hay un ecosistema extraordinario, registros divulgados sobre la laguna señalan la presencia de 223 especies de plantas nativas y endémicas, cuatro especies de manglares, 86 especies de aves, cinco de anfibios y once de reptiles, además de peces de agua dulce.
Entre ellos vive uno que convierte a Laguna Bávaro en un lugar excepcional para la ciencia, se trata del Cyprinodon higuey, pequeño pez descrito científicamente en 1990 a partir de ejemplares de esta laguna costera del Este dominicano.
Su importancia es enorme por una razón sencilla: su hábitat conocido está ligado a este ecosistema.
La pérdida o degradación severa de la laguna no significaría únicamente perder un paisaje de Cabeza de Toro. También comprometería una pieza irrepetible de la biodiversidad dominicana.
Un territorio que los antiguos habitantes ya conocían
Mucho antes de las carreteras y de los grandes complejos turísticos, el agua dulce determinaba dónde podía establecerse una comunidad. Los antiguos habitantes de la isla conocieron estos manantiales y cuerpos de agua y dejaron huellas de su relación con ellos.
Esa memoria todavía aparece en diferentes puntos del territorio.
Uno de los ejemplos más evidentes está en la Reserva Ecológica Ojos Indígenas, donde se conservan doce ojos de agua dentro de más de 1,500 acres de terreno destinado a conservación, investigación y educación ambiental. La Fundación Grupo Puntacana explica que estos cuerpos de agua se encuentran dentro de un bosque tropical y que actualmente cuatro de ellos están habilitados para el baño de visitantes bajo condiciones controladas.
En investigaciones y trabajos realizados en el lugar también se han documentado vestigios vinculados con antiguos asentamientos indígenas, allí el agua, la historia y el bosque todavía ocupan el mismo espacio.
Hoyo Azul: belleza nacida de la piedra
Más hacia Cap Cana aparece otra expresión espectacular de esa geología. Hoyo Azul se encuentra al pie de un farallón de piedra caliza de aproximadamente 75 metros de altura y alcanza unos 14 metros de profundidad.
La Dirección General de Cine de República Dominicana lo registra como un cenote alimentado por aguas naturales de manantial dentro de Scape Park. Su intenso color azul lo convirtió en una de las imágenes más conocidas del turismo de naturaleza de Punta Cana.
Pero la fotografía cuenta apenas una parte.
La cavidad existe porque durante miles de años el agua fue disolviendo y transformando la roca caliza. Lo que hoy recibe visitantes nació de un proceso geológico muchísimo más antiguo que cualquier infraestructura turística de la región.
Hoyo Claro y los cenotes que todavía sobreviven
El sistema continúa en otros puntos. Hoyo Claro, por ejemplo, forma parte oficialmente del Sistema Nacional de Áreas Protegidas como Monumento Natural. Los registros oficiales le atribuyen una superficie aproximada de 39.29 kilómetros cuadrados, además de un área de amortiguamiento de 300 metros.
A estos espacios se suman cuevas y cenotes conocidos en Macao, La Ceiba del Salado y otras comunidades rurales. Algunos se han convertido en atractivos turísticos. Otros permanecen prácticamente fuera de las rutas convencionales.
Esa expansión del turismo hacia cuevas y cenotes representa una oportunidad económica, pero también plantea una pregunta inevitable: ¿cuántas personas puede soportar diariamente un ecosistema de estas características sin comenzar a deteriorarse?
La respuesta no puede establecerla únicamente el mercado. Necesita estudios de capacidad de carga, vigilancia ambiental, manejo de residuos y reglas de operación que protejan aquello que precisamente atrae a los visitantes.
El crecimiento también ocurre encima del acuífero
Ese es probablemente el mayor desafío. Punta Cana ya no es solamente una franja hotelera, Verón, Bávaro, Friusa, Macao y las comunidades próximas al corredor turístico han experimentado una expansión residencial y comercial acelerada.
Cada nueva vivienda, comercio, hotel o proyecto inmobiliario necesita agua y produce aguas residuales. Y todo ocurre encima de una formación geológica extremadamente permeable.
La misma facilidad con que el agua de lluvia penetra la roca caliza significa que determinadas fuentes contaminantes también pueden alcanzar el subsuelo cuando no existe un saneamiento adecuado. El problema ha alcanzado suficiente dimensión como para provocar una intervención multimillonaria del Estado dominicano con apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo.
El Programa Integral de Agua Potable, Saneamiento Universal y Reúso para Punta Cana–Bávaro, aprobado en noviembre de 2025 y actualmente en implementación, establece entre sus objetivos mejorar el acceso a agua potable y saneamiento y proteger el acuífero costero de Punta Cana–Bávaro.
El BID ha señalado que más de 138,000 personas de sectores como Verón y Friusa carecen de acceso seguro a agua y saneamiento, mientras numerosas familias todavía dependen de camiones cisterna y pozos superficiales.
Ese dato cambia la conversación.
Proteger los sagüeyes, las lagunas y el acuífero no es únicamente conservar naturaleza para fotografiarla. También significa proteger una fuente esencial de agua para la población que mantiene funcionando el principal polo turístico del país.
Reutilizar agua para no seguir exprimiendo el subsuelo
El nuevo programa introduce además un concepto que probablemente será determinante para el futuro hídrico de Punta Cana: reusar el agua. Los estudios contemplan tratar las aguas residuales y reutilizar parte de ese recurso principalmente en el riego de campos de golf y áreas verdes del corredor turístico.
La propuesta calcula un caudal de reúso cercano a 944 litros por segundo, precisamente con la intención de reducir la presión sobre el acuífero.
Es un cambio importante de lógica.
Durante décadas el modelo consistió fundamentalmente en extraer agua del subsuelo, utilizarla y posteriormente resolver su disposición. El futuro obliga a cerrar el ciclo: extraer menos, tratar mejor y volver a utilizar el agua cuando su calidad lo permita.
El verdadero patrimonio de Punta Cana no está solamente en la playa
Punta Cana seguirá siendo conocida por el mar, es inevitable. Sus playas hicieron posible buena parte de la transformación económica de La Altagracia y colocaron esta esquina de República Dominicana en el mapa mundial del turismo.
Pero debajo de esa historia existe otra, una historia escrita en piedra caliza, cuevas inundadas, manglares, lagunas y corrientes subterráneas.
La Laguna Bávaro, Hoyo Azul, Hoyo Claro, los Ojos Indígenas y los numerosos jagüeyes repartidos por el territorio no deben entenderse como lugares independientes colocados al azar sobre el mapa.
Son distintas expresiones de un territorio cuya relación con el agua comenzó mucho antes de Punta Cana como destino turístico.
Hoy esa relación enfrenta una prueba mucho mayor. La población aumenta. La construcción avanza. Crece la demanda de agua. Aparecen nuevas habitaciones hoteleras, residenciales, comercios y proyectos inmobiliarios. Y debajo de todo eso permanece el mismo acuífero.
No existe otro escondido debajo para utilizar cuando este se deteriore. Quizás por eso el gran desafío ambiental de Punta Cana durante las próximas décadas no estará únicamente frente a sus costas…..Estará bajo nuestros pies.
Porque mucho antes de los hoteles estuvo el agua. Y para que los hoteles, las comunidades y Punta Cana continúen aquí mañana, el agua tendrá que seguir estando primero.










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