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Wanda Almánzar: tres décadas de liderazgo, perseverancia y compromiso con la seguridad industrial

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La fundadora de DEINSA ha dedicado tres décadas a promover la prevención de riesgos laborales y fortalecer la cultura de seguridad en República Dominicana, abriéndose camino en una industria de tradicional presencia masculina.

Santo Domingo, octubre 2026. En 1996, Wanda Almánzar convirtió una visión empresarial en un proyecto de vida: contribuir a la protección de los trabajadores dominicanos mediante soluciones especializadas de seguridad industrial. Así nació DEINSA, SRL, en la casa de su madre, con recursos limitados, pero con la determinación de abrirse paso en un mercado que comenzaba a reconocer la importancia de la prevención de riesgos laborales.

Treinta años después, esta iniciativa se ha transformado en una empresa con aproximadamente 60 colaboradores, presencia en Santiago y una oferta de productos y servicios especializados para distintos sectores productivos del país.

Su inquietud empresarial surgió mientras trabajaba en una compañía dedicada a la comercialización de compresores de aire, experiencia que le permitió identificar oportunidades en el ámbito de la seguridad industrial. Pese a las dudas que su decisión despertó entre sus amigos cercanos, Wanda Almánzar apostó por su visión.

Durante aproximadamente tres años, la vivienda familiar funcionó como oficina y almacén, desde donde gestionaba pedidos, preparaba facturas y visitaba clientes con el respaldo incondicional de su madre, María Dolores Sepúlveda.

El crecimiento progresivo de las operaciones de su emprendimiento permitió ampliar el inventario, incorporar personal y establecer instalaciones propias en Los Prados. Sin embargo, construir una empresa en un sector de gran presencia masculina también significó enfrentar prejuicios y comentarios que cuestionaban su capacidad para desenvolverse en una industria vinculada a la maquinaria, los procesos técnicos y la prevención de riesgos. Su respuesta fue la preparación, la perseverancia y la convicción de que el liderazgo no tiene género.

Para ella, el verdadero valor de la seguridad industrial no reside únicamente en los equipos comercializados, sino en las vidas que estos pueden ayudar a salvar. “Ese trabajador es hijo de alguien, hermano de alguien, esposo de alguien y padre de alguien. Eso es lo que tenemos que procurar”, expresa al definir la filosofía que ha orientado su trayectoria.

Esta visión ha impulsado su compromiso con la utilización adecuada de cascos, guantes, lentes, respiradores, sistemas de protección contra caídas y otras soluciones esenciales para reducir los riesgos laborales. Las experiencias con equipos deteriorados tras recibir impactos han reforzado su convicción de

que la prevención debe formar parte de la cultura empresarial, acompañada de capacitación, selección adecuada, mantenimiento y uso correcto de los dispositivos de protección.

Actualización técnica de su personal

Con su guía y liderazgo, DEINSA sigue ampliando su oferta hacia soluciones para trabajos en altura, medición de gases y equipos de respiración autónoma, entre otras especialidades. La actualización técnica de su personal y la atención a las necesidades de sus clientes forman parte de una estrategia orientada a ofrecer respuestas acorde a las exigencias de las operaciones industriales.

En este proceso, la formación y la orientación técnica adquieren especial relevancia, pues disponer de equipos de protección no garantiza por sí solo la seguridad de los trabajadores. Es indispensable identificar los riesgos de cada actividad, seleccionar las soluciones apropiadas y asegurar que el personal conozca su funcionamiento y utilización. Esta visión integral de la prevención constituye uno de los principios que han acompañado la evolución de DEINSA y su relación con los sectores productivos.

El compromiso con la seguridad industrial también implica que las empresas inviertan en el bienestar, productividad y sostenibilidad. Reducir los accidentes laborales significa proteger a las familias, preservar la experiencia de los trabajadores y contribuir a entornos laborales más responsables.

“Desde esta perspectiva, la labor de empresas especializadas como DEINSA adquiere importancia en el fortalecimiento de una cultura preventiva que debe involucrar tanto a empleadores como a trabajadores”, afirmó Wanda Almánzar.

A su entender, mantener una empresa durante tres décadas implica mucho más que superar dificultades comerciales: supone construir relaciones de confianza, formar equipos comprometidos y adaptarse a las transformaciones del mercado. “La permanencia de DEINSA es fruto del esfuerzo colectivo de quienes han contribuido a su desarrollo y la importancia de sostener una visión empresarial centrada en las necesidades reales de sus clientes”.

Visión, tenacidad y expansión del proyecto

El camino no ha estado exento de dificultades. En 2013, un hundimiento del terreno afectó el entorno de las instalaciones de la empresa en Los Prados, provocando trastornos operativos, gastos extraordinarios y pérdida de clientes. La situación obligó a reorganizar las operaciones y puso nuevamente a prueba la capacidad de resiliencia de su fundadora.

La expansión continuó. El 7 de enero de este 2026, DEINSA abrió una sucursal en Santiago, luego de más de 15 años atendiendo a clientes de la región Norte mediante representantes comerciales. También dispone de un punto de almacenamiento en Haina para facilitar el suministro a empresas y proyectos industriales.

En el plano personal, reconoce el papel determinante de su madre, cuyo apoyo fue esencial durante los primeros años del negocio. Su fallecimiento, en 2012, marcó profundamente su vida, mientras que las exigencias de dirigir una empresa en crecimiento y criar a sus dos hijos representaron desafíos constantes para equilibrar las responsabilidades profesionales y familiares.

Al conmemorar tres décadas de trayectoria, Wanda Almánzar sostiene que el crecimiento empresarial adquiere mayor significado cuando se sustenta en la integridad, la responsabilidad y el compromiso con su personal y sus clientes.

“Mi historia constituye un testimonio de perseverancia y una invitación a las nuevas generaciones, especialmente a las mujeres emprendedoras, a prepararse, creer en sus capacidades y mantener sus objetivos aun frente a las dificultades”, afirmó.

“Treinta años después de aquel comienzo en la casa de mi madre, este proyecto continúa vinculado a una misión esencial: contribuir a que la seguridad industrial sea entendida no solo como una necesidad operativa, sino como una responsabilidad humana cuyo propósito fundamental es proteger la vida en nuestra República Dominicana

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