Por Ángel Fernández
La reciente participación del senador Rafael Barón Duluc (Cholitín) en la organización territorial del proyecto político de David Collado en el Este abre una discusión que considero necesaria en La Altagracia.
La discusión no debe plantearse desde los afectos ni desde las diferencias personales. Mucho menos desde ataques. Debe plantearse desde los números, el territorio y la capacidad real de sumar voluntades.
Y comienzo haciendo una precisión importante: hasta este momento, las informaciones públicas que he podido verificar confirman que Cholitín ha asumido un papel relevante dentro de los trabajos políticos de Collado en el Este, incluyendo el encuentro realizado en Higüey este 19 de septiembre. Sin embargo, no he encontrado una comunicación pública que formalice específicamente el cargo de “jefe de campaña provincial”.
El 32.9 % existe, pero hay que explicar qué significa
Existe una cifra que merece atención.
La Encuesta Nacional de Opinión Pública de abril de 2026, realizada con una muestra nacional de 1,200 personas, margen de error de ±2.8 % y un nivel de confianza de 95 %, incluyó un apartado dedicado a los líderes regionales.
En la Región Este, entre las figuras del PRM medidas, Nelson Arroyo obtuvo 45.1 %, Rafael Barón Duluc 32.9 % y Eugenio Cedeño 31.8 %.
Ese 32.9 % no debe presentarse como aprobación de la gestión de Cholitín en La Altagracia, porque metodológicamente no significa eso. Es un indicador regional dentro de esa medición.
Pero tampoco es un número que deba ignorarse cuando se analiza el peso territorial de una figura llamada a desempeñar un papel importante dentro de un proyecto presidencial.
También existen números favorables a Cholitín
Sería injusto hacer este análisis ocultando los datos que favorecen al senador.
Otra medición, divulgada por SONDEOS en abril de 2026, situó a Rafael Barón Duluc con 50 % de valoración positiva y 34 % negativa.
Además, Cholitín posee algo que ninguna encuesta puede borrar: ganó unas elecciones provinciales.
En las elecciones congresuales de mayo de 2024, Rafael Barón Duluc obtuvo 51,634 votos y conquistó la senaduría de La Altagracia con aproximadamente 51.5 % de los sufragios válidos. Por tanto, estamos hablando de un dirigente con estructura política, experiencia electoral y una victoria provincial reciente.
Eso también forma parte de la fotografía.
Pero una elección de 2024 no responde automáticamente la pregunta de 2026
Aquí está, a mi juicio, el debate interesante.
Una cosa es haber ganado una senaduría y otra diferente es tener capacidad para integrar bajo una misma sombrilla un proyecto presidencial.
Una campaña presidencial necesita sumar sectores que muchas veces no responden directamente a las estructuras tradicionales de un senador: empresarios, comerciantes, dirigentes comunitarios, jóvenes, comunicadores, profesionales, trabajadores turísticos y liderazgos independientes.
Y La Altagracia tampoco es políticamente homogénea.
Higüey tiene una dinámica. Verón–Punta Cana tiene otra. Bávaro tiene otra. Macao, Uvero Alto, La Otra Banda, Nisibón, Boca de Yuma y las demás comunidades tienen realidades y liderazgos propios.
Ese mapa obliga a cualquier proyecto presidencial serio a mirar más allá de una sola estructura.
David Collado llega con capital político propio
Precisamente por eso resulta interesante observar los números del propio David Collado. En la misma encuesta nacional de abril de 2026, Collado apareció con 44.7 % de preferencia entre la población general cuando se preguntó quién debía ser candidato presidencial del PRM.
Entre los miembros del PRM consultados, alcanzó 58.6 %. Además, dentro de la valoración de funcionarios públicos recibió 7.28 puntos sobre 10.
Son mediciones nacionales y no pueden trasladarse automáticamente a La Altagracia, pero muestran que Collado llega a esta etapa con un posicionamiento político propio.
La pregunta estratégica, entonces, es perfectamente legítima: ¿Qué tipo de liderazgo territorial necesita acompañar ese posicionamiento en La Altagracia?
La Altagracia necesita una estructura que represente toda su diversidad
La provincia ha cambiado enormemente. Ya no basta con controlar políticamente Higüey para asumir que se controla electoralmente toda La Altagracia. El crecimiento de Verón–Punta Cana, Bávaro, Friusa, Macao y Uvero Alto, la llegada de miles de nuevos residentes y el enorme peso económico y laboral del turismo han creado una provincia mucho más compleja.
Incluso el propio senador Duluc ha planteado públicamente que la población real de La Altagracia podría ser considerablemente superior a la registrada oficialmente y promovió en el Senado la realización de un censo especial para la provincia.
Si la provincia ha cambiado, la política también tiene que entender ese cambio.
Los números deben estar encima de la mesa
No planteo esta reflexión para desconocer la trayectoria política de Rafael Barón Duluc, mucho menos para borrar su victoria electoral de 2024.
Los datos obligan precisamente a reconocer ambas realidades: Cholitín ganó la senaduría con más de 51 mil votos, pero una medición regional de abril de 2026 lo coloca en 32.9 % dentro del grupo de líderes del PRM evaluados en el Este.
Otra encuesta le atribuye 50 % de valoración positiva.
Es decir, los datos disponibles no cuentan una historia única ni permiten reducir la situación a un solo porcentaje.
Lo responsable sería estudiar mediciones específicamente diseñadas para La Altagracia, actualizadas y segmentadas por Higüey, Verón–Punta Cana, Bávaro y los demás territorios, antes de sacar conclusiones definitivas sobre quién posee mayor capacidad de articulación.
Una advertencia desde La Altagracia
Los proyectos presidenciales se construyen sumando.
Y cuando un dirigente nacional llega a una provincia con determinado capital político, la selección de quienes articulan territorialmente su proyecto adquiere enorme importancia.
Por eso considero saludable que el equipo de David Collado observe cuidadosamente los números, escuche todos los sectores y mida la realidad política actual de La Altagracia, no solamente las estructuras partidarias existentes.
Cholitín tiene votos, estructura y una senaduría ganada. También existen mediciones que plantean preguntas sobre su posicionamiento regional actual. Ambas cosas son ciertas y ambas deben ser consideradas.
La política inteligente no debería temerle a los números.
Debería utilizarlos.
Porque al final, una estructura política fuerte no se construye alrededor de una sola persona: se construye incorporando a todos aquellos capaces de sumar en Higüey, Verón–Punta Cana, Bávaro y cada rincón de La Altagracia.










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