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Opinión- La generación que hizo bailar al mundo se está despidiendo en silencio

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Estamos perdiendo a los gigantes del merengue… y quizás no nos estamos dando cuenta.

Por: Angel Fernández

Por años, los dominicanos tuvimos la fortuna de vivir una época irrepetible. Una época en la que el merengue no solo se escuchaba: se sentía, se bailaba y se llevaba en el corazón. Hoy, con la partida de Alex Bueno, vuelve una pregunta que duele: ¿estamos conscientes de lo que estamos perdiendo?

La muerte de Alex Bueno no representa únicamente la despedida de un artista. Representa el adiós progresivo de una generación de músicos extraordinarios que colocaron el nombre de República Dominicana en lo más alto de la música latina. Una generación formada por hombres y mujeres que cantaban con el alma, que no necesitaban efectos digitales para emocionar y que convertían cada canción en una historia.

Los años 80 y buena parte de los 90 fueron una edad de oro para la música dominicana. Nombres como Alex Bueno, Fernando Villalona, Sergio Vargas, Rubby Pérez, Wilfrido Vargas, Los Hermanos Rosario, Eddy Herrera, Bonny Cepeda y tantos otros construyeron un legado que trascendió generaciones. Sus canciones acompañaron bodas, cumpleaños, navidades, celebraciones familiares y también momentos difíciles.

Aquellos artistas no solo interpretaban música; representaban una identidad nacional.

Hoy el panorama musical es muy diferente. No se trata de descalificar a las nuevas generaciones ni de negar que existan talentos actuales. Cada época tiene su sonido. Sin embargo, resulta imposible ignorar que gran parte de la música moderna parece diseñada para consumirse rápidamente y ser olvidada con la misma velocidad.

Muchas canciones de hoy dominan las plataformas digitales durante semanas o meses, pero pocas logran permanecer décadas en la memoria colectiva. En cambio, basta escuchar los primeros acordes de «Jardín Prohibido», «Colegiala», «La Radio» o cualquier clásico de aquella época para que miles de dominicanos canten cada palabra sin equivocarse.

Esa es la diferencia entre una moda y un legado.

Quizás el problema no es únicamente que nuestros grandes artistas estén envejeciendo o partiendo físicamente. El verdadero problema es que muchas veces esperamos hasta que ya no están para reconocer su valor. Nos acostumbramos a verlos como parte del paisaje nacional, olvidando que estamos frente a figuras históricas que ayudaron a construir la banda sonora de nuestra nación.

Cada vez que uno de ellos se marcha, desaparece una parte de nuestra memoria colectiva.

Por eso este momento debe servirnos para reflexionar. Debemos apoyar más a nuestros artistas veteranos, preservar sus historias, escuchar sus canciones, enseñar a las nuevas generaciones quiénes fueron y qué aportaron a la cultura dominicana. No podemos permitir que la velocidad de las redes sociales entierre décadas de talento, disciplina y excelencia artística.

La partida de Alex Bueno nos recuerda una verdad incómoda: los ídolos no son eternos.

Pero su legado sí puede serlo, si como pueblo decidimos conservarlo.

Porque cuando se apague la voz del último gran merenguero de aquella generación dorada, no solo habremos perdido artistas. Habremos perdido una parte de nosotros mismos, de nuestra historia y de la esencia que hizo bailar al mundo entero al ritmo del merengue dominicano. 🇩🇴🎶

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